El tarro de la campana

La experiencia de una joven con la enfermedad mental y su recuperación

Una mirada a la campana de cristal de la existencia femenina en los años 50.

La campana de cristal sigue siendo la única novela de Sylvia Plath. Es su firma, hecha extraordinaria debido a su publicación apenas un mes antes del trágico final de Plath. La narración resuena profundamente con los acontecimientos vitales de Plath.

La protagonista, Esther Greenwood, es una joven escritora prometedora que acaba de conseguir unas prácticas en una revista de moda de Nueva York. Sin embargo, lucha por encontrar su lugar en la metrópolis, sin ajustarse a los restrictivos roles de género de su época.

La campana de cristal marcó un punto de inflexión significativo en su exploración de las normas sociales y la salud mental al estilo de una confesión. Su posición como clásico literario moderno permanece inquebrantable, y en este Resumen exploraremos por qué.

Antes de continuar, ten en cuenta que este Resumen contiene descripciones de violencia sexual, depresión y suicidio, así que procede con cautela. Para obtener un resumen conciso, no dudes en saltar a la conclusión.

 

Un Extraño y Seductor Verano en Nueva York

“Era un verano extraño y bochornoso, el verano en que electrocutaron a los Rosenberg, y yo no sabía qué hacía en Nueva York”.

Así comienza La campana de cristal, una historia narrada por su protagonista, Esther Greenwood.

Esther, una joven escritora de talento, pasa el verano del 53 en Nueva York. Forma parte del selecto grupo de universitarias que han conseguido unas prácticas en la revista de moda Ladies’ Day. Para una poeta en ciernes de los suburbios de Boston, debería ser estimulante.

Pero Esther parece no poder aprovechar la alegría. Se siente cada vez más distante de las otras chicas, que parecen tener sus caminos bien definidos.

Esther se siente atraída y repelida a la vez por Doreen, una chica de sociedad hastiada a la que le gusta más salir de fiesta que estudiar. Siguiendo a Doreen a un bar una noche, Esther acaba sola y desolada en su vacía habitación de hotel. Después de que Doreen llame a la puerta tarde y se desmaye en su habitación, Esther decide gravitar hacia chicas como Betsy.

Betsy, todo lo contrario de Doreen, es una chica alegre e ingenua del Medio Oeste. Betsy busca la amistad de Esther; ambivalente, Esther sigue encontrando razones para evitarla.

Esther encuentra consuelo temporal en los lujosos regalos y cenas patrocinados por la revista. Tras una de esas cenas, ella y las demás chicas sufren una terrible intoxicación alimentaria. Doreen cuida de Esther, cuidándola con sopa.

Análisis

Los capítulos iniciales de La campana de cristal ahondan en el conflicto interno de Esther y en su tensa relación con el mundo. La historia es una sombra de la propia experiencia de Plath en 1953, cuando consiguió un puesto de editora invitada en la revista de moda neoyorquina Mademoiselle.

Plath emplea estos antecedentes para retratar una imagen vibrante de la ciudad de Nueva York, sus habitantes y la escena de la moda. El motivo de la moda sirve como poderosa metáfora de la búsqueda de identidad de Esther.

Esther no encaja perfectamente en los arquetipos femeninos de la época, lo que se refleja en sus sentimientos ambivalentes hacia Doreen y Betsy.

En su búsqueda de autodefinición, Esther recurre a la mentira. Por ejemplo, dice a los hombres que intentan seducirla que es “Elly Higginbottom” de Chicago.

La desconexión de Esther crece a lo largo de la narración. Sus repetidas referencias a los Rosenberg -los primeros Americanos ejecutados por traición en tiempos de paz- señalan el comienzo de una sombría fascinación por la muerte.

 

Buddy Willard, el Pretendiente

Mientras se recupera de una intoxicación alimentaria, Esther recibe una llamada de Constantin, un intérprete de la ONU con el que ha quedado para una cita a ciegas. Los modales de Constantin, que recuerdan a los de su antiguo amor, Buddy Willard, irritan a Esther al instante. A pesar de ello, acepta la cita.

Visitan la ONU, cenan juntos y acaban en el apartamento de Constantin. Esther decide dejar que la seduzca como una especie de “venganza” contra Buddy, pero Constantin no muerde el anzuelo. Una vez más, Esther acaba sola y abatida en su habitación de hotel, donde reflexiona sobre su tumultuosa relación con Buddy.

Esther idolatraba a Buddy durante años antes de que empezaran a salir. Pero su interés se disipó casi en cuanto empezaron a salir.

En primer lugar, descubrió que Buddy también había salido con su compañera de clase Joan. Luego, durante una visita a la facultad de medicina de Yale, donde Esther ayudó a Buddy a diseccionar cadáveres y a asistir un parto, descubrió que él había tenido relaciones sexuales con otra mujer antes que con ella. La revelación de esta “hipocresía”, dado que Buddy y la mayoría de los hombres de la época exigían pureza a sus compañeras, escandalizó a Esther.

Sin embargo, antes de que pudiera romper con él, Buddy enfermó de tuberculosis y fue ingresado en un sanatorio. Esther se quedó con él, en parte por compasión y en parte para evitar explicar su ruptura a los demás. A pesar de sus sentimientos encontrados, Buddy pasó por alto las reservas de Esther. Cuando ella le visitó en el sanatorio para tuberculosos, él le propuso matrimonio, a lo que ella declaró que nunca había tenido intención de casarse.

Esther recuerda un viaje de esquí que hicieron juntos, en el que Buddy la obligó a subir una pendiente pronunciada, lo que le causó la rotura de una pierna. Recuerda con amargura la actitud despectiva de Buddy hacia la poesía:

“‘¿Sabes lo que es un poema, Esther?’ ‘No, ¿qué?’. le decía. ‘Un trozo de polvo'”.

Análisis

Este segmento de la novela se sumerge en la relación de Esther con los hombres. Lucha por establecer vínculos genuinos, encontrándose a menudo atrapada entre las presiones sociales y sus deseos personales.

Se siente desilusionada por la doble moral de una sociedad patriarcal, en la que hombres como Buddy esperan que sus compañeras sean puras mientras ellos se entregan despreocupadamente a hazañas sexuales.

Además, Buddy desprecia las ambiciones literarias de Esther como meros pasatiempos, algo para pasar el tiempo antes de sus deberes “reales” de matrimonio y maternidad. La perspectiva de cualquiera de ellas horroriza a Esther. Su experiencia en la facultad de medicina, asistiendo a Buddy en la disección de cadáveres y en el parto de un bebé, le deja una visión sombría de ambas actividades.

Cabe señalar que Sylvia Plath tampoco tuvo la experiencia más favorable con los hombres. En 1956 se casó con el poeta británico Ted Hughes, que más tarde demostró ser desleal y abusivo tanto emocional como físicamente. La pareja se separó en 1962, un año antes del suicidio de Plath.

 

 

 

Desenterrar la gema

Ha llegado el momento de despedirse de su estancia en Nueva York. Para marcar el final de sus prácticas, la revista organiza una sesión de fotos temática, pidiendo a cada chica que elija un objeto que simbolice sus sueños. Esther, sin embargo, se encuentra indecisa sobre lo que le depara el futuro y no sabe qué elegir. Al final, su jefe, Jay Cee, le entrega una rosa de papel, que simboliza su futuro potencial como poeta. Sin embargo, mientras la cámara hace clic, Esther no puede contener las lágrimas.

La última noche en la ciudad, Esther se embarca en otra cita a ciegas organizada por Doreen. Conoce a Marco, un caballero de Perú. Al principio, Marco seduce a Esther ofreciéndole un alfiler de diamantes para la velada. Sin embargo, la cita se tuerce rápidamente.

Marco obliga a Esther a bailar y más tarde la agrede, empujándola al suelo y rasgándole el vestido. A pesar del trauma, Esther hace acopio de fuerzas para resistirse y deja a Marco arrastrándose por el barro, en busca de su broche de diamantes.

En su habitación de hotel, Esther va a la azotea y se deshace de su ropa de alta gama en el cielo nocturno: “Pieza a pieza, alimenté con mi vestuario al viento nocturno, y revoloteando, como las cenizas de un ser querido, los retazos grises fueron transportados […]”. Aún con la ropa prestada y la sangre seca en la mejilla, vuelve a casa.

Su madre, que la espera en la estación de tren, le da más disgustos: La solicitud de Esther para el programa de escritura de verano ha sido rechazada. Esta devastadora noticia paraliza la capacidad de decisión de Esther, haciéndola incapaz de ejecutar ninguno de sus planes alternativos para el verano.

Viviendo en el suburbio durante el verano, su depresión sigue agravándose. Dormir, comer y leer parecen imposibles. Lo único que la mantiene ocupada es su creciente obsesión por la muerte. Como su madre no le ofrece ningún apoyo significativo, finalmente, un médico de familia le recomienda que consulte a un psiquiatra.

INSIGHTS

La aventura de Esther en Nueva York termina de forma dramática. Curiosamente, relata su asalto de la misma forma distante en que narra sus otras experiencias de citas. La sucesión de decepciones difumina sus emociones. El broche de diamantes de Marco se presenta como un espejismo de una vida fantástica que ella podría llevar si se doblegara ante los hombres de su vida.

Ella rechaza la ilusión. En su lugar, decide abandonar las diversas máscaras de feminidad que se ha estado probando en Nueva York. A pesar de su deseo de escapar de la ciudad, su casa de las afueras no le ofrece ninguna comodidad. De hecho, sus sentimientos de aislamiento y falta de rumbo se amplifican.

La falta de empatía y comprensión hacia la deteriorada salud mental de Esther por parte de quienes la rodean es alarmante. La menosprecian o descartan su estado. Es su médico de cabecera quien reconoce la gravedad de su desesperación y le aconseja que busque ayuda profesional.

 

En la cresta de una ola

Esther pide ayuda al psiquiatra Dr. Gordon, con la esperanza de llegar a comprender su dolencia. Muestra graves síntomas de depresión, como insomnio, falta de higiene y una sombría fijación por la muerte.

El Dr. Gordon, a pesar de su sofisticación, no se gana el favor de Esther, pero su fragilidad no le deja otra opción. Tras la segunda visita, el Dr. Gordon sugiere tratamientos ambulatorios de electroshock. La sugerencia llena a Esther de pavor, pero consiente. El proceso es cruel y brutal. Durante la primera sesión, se pregunta: “Me preguntaba qué cosa terrible había hecho”.

A medida que se somete a más tratamientos, su narración se vuelve surrealista y fragmentada. Tiene la sensación de estar a la deriva entre la consciencia y un estado onírico. Su mente se llena de pensamientos de evasión. Incluso intenta trabajar como voluntaria en un hospital para pasar el tiempo, pero pronto se da por vencida. Empieza a investigar diferentes métodos de suicidio, aprendiendo de conversaciones y extractos de periódicos.

Entonces, poco a poco, empieza a poner en práctica sus pensamientos suicidas. Durante un día de playa con su vieja amiga Jody, nada todo lo que puede. Intenta estrangularse en la cama de su madre en casa. Prueba a cortarse con una cuchilla en la bañera, curiosa por la sensación.

Finalmente, se siente preparada para un grave intento. Se encierra en el sótano y se traga un frasco entero de somníferos. Cuando los somníferos empiezan a hacer efecto, delante de ella parpadean luces rojas y azules. Siente como si una poderosa ola la arrastrara mientras pierde el conocimiento.

INSIGHTS

Aunque el intento de Esther de buscar ayuda profesional crea un atisbo de esperanza, los duros tratamientos del Dr. Gordon sólo ahondan su desesperación, haciendo que la muerte parezca una salida lógica a su angustia.

La narración indiferente de Esther sobre sus intentos de suicidio sacude el núcleo del lector, especialmente si se tiene en cuenta que la propia Plath falleció sólo un mes después de la publicación de la novela, a causa de unos somníferos.

 

Bajo la campana de cristal

Al despertar en la oscuridad y la confusión, Esther no puede ver y asume que está ciega. El médico le asegura que su visión se recuperará, pero su estado mental parece seguir igual. Tras romper un espejo del hospital al ver su rostro desfigurado, la trasladan a un hospital médico estatal diseñado para pacientes violentos. Aunque encuentra cierto humor en las peculiares interacciones entre los pacientes y el personal, sigue resistiéndose a los tratamientos.

Su salvación llega en forma de Philomena Guinea, la rica escritora que financia la beca universitaria de Esther. Preocupada por Esther, Philomena organiza su traslado a un hospital psiquiátrico privado. Durante el trayecto hasta allí, Esther contempla su depresión: “Dondequiera que me sentara -en la cubierta de un barco o en un café callejero de París o Bangkok- estaría sentada bajo la misma campana de cristal, cociéndome en mi propio aire agrio”.

En el hospital privado, la Dra. Nolan, la directora del hospital, le cae bien de inmediato. La someten a una terapia de choque de insulina, un tratamiento psiquiátrico habitual en los años 50 que consistía en una sobredosis de insulina para inducir un coma temporal. La terapia la deja desorientada y la hace engordar.

Esther se sorprende cuando Joan, su compañera de clase y ex amante de Buddy, ingresa en el hospital. Joan confiesa que ella también intentó suicidarse y le enseña a Esther artículos de periódico sobre su propio y dramático intento de suicidio.

Aunque Esther y Joan estrechan lazos durante su estancia, Joan está mucho más entusiasmada con su amistad. Incluso insinúa sentimientos románticos hacia Esther, que ésta rechaza rápidamente.

Finalmente, tanto Esther como Joan son trasladadas a las instalaciones de Belsize, el más lujoso y menos restrictivo de los edificios del hospital. A cambio de este privilegio, Esther se somete a otra ronda de terapia de electroshock. A pesar de sentirse traicionada por el Dr. Nolan, estos tratamientos no son tan brutales como antes. También utiliza sus privilegios en la ciudad para visitar a un ginecólogo y conseguir un diafragma.

INSIGHTS

Esta parte pone de relieve las deficiencias de la atención psiquiátrica en los años cincuenta. Esther es sometida a diversas terapias que no consiguen abordar la raíz de su lucha.

Las terapias parecen más centradas en reducir los síntomas y amoldarla a las normas sociales. Las figuras femeninas de la vida de Esther -Philomena Guinea y la Dra. Nolan- no le proporcionan ningún consejo sustancial sobre cómo vivir al margen de las expectativas de la sociedad.

Reflejo de las experiencias personales de Sylvia Plath con el sistema psiquiátrico, el viaje de Esther a través de estos tratamientos y terapias pone de relieve el alivio temporal de los síntomas, mientras que los problemas subyacentes permanecen sin tratar, lo que provoca varios episodios depresivos en la vida de Plath.

 

Acorralada y liberada

El vínculo de Esther con Joan empeora cuando Joan obtiene el privilegio de mudarse a un apartamento con una enfermera, mientras Esther permanece recluida en el hospital a la espera de que comience el curso de invierno de su universidad.

En un intento de distraer su mente, visita a Irwin, un matemático con el que se ha cruzado recientemente. Decidida a separarse por fin de su virginidad, decide acostarse con él, armada con su nuevo diafragma. El encuentro resulta agonizante. Comienza una hemorragia grave e Irwin no tiene más remedio que llevarla corriendo al apartamento de Joan. Finalmente, la enfermera que reside con Joan acompaña a Esther a urgencias.

El médico describe la hemorragia de Esther como un fenómeno que ocurre “una vez en una luna azul”. Poco después de este angustioso incidente, Esther recibe la noticia de que Joan se ha suicidado ahorcándose cerca de un lago helado.

Buddy se presenta en el hospital para visitar a Esther, queriendo averiguar si hay algo en él que empuja a las mujeres al límite. Esther le asegura que no tiene ninguna responsabilidad en la muerte de Joan. En el funeral de Joan, Esther experimenta una reafirmación de su voluntad de vivir: “Respiré hondo y escuché el viejo alarde de mi corazón. Yo soy, yo soy, yo soy”.

La narración de La campana de cristal llega a su fin con Esther hojeando revistas, a la espera de ser convocada a una entrevista que decidirá su salida del hospital. El Dr. Nolan llega a buscarla, y Esther emprende su imprevisto viaje futuro llena de un optimismo recién descubierto.

EXPLORACIÓN

En esta fase final, Esther parece encontrar cierto equilibrio al alinearse con la trayectoria hacia la normalidad preconizada por el Dr. Nolan. Esta nueva dirección le ofrece al menos una oportunidad de independencia sexual, que explora adoptando métodos anticonceptivos y abandonando su virginidad. Su relación con Irwin significa la afirmación por parte de Esther de su autoridad sexual y su rebelión contra las normas sociales, aunque acompañada de una prueba sangrienta.

El trágico final de Juana parece simbolizar la propia desaparición de Esther. De un modo extraño, proporciona una forma de purgación emocional para su angustia personal. Cuando Esther entra en la sala de entrevistas, se vislumbra una posible emancipación. Sin embargo, es difícil confiar plenamente en su repentina metamorfosis.

Dado el trágico final de la vida de Plath, el respiro de Esther podría ser meramente efímero. Aunque ahora tiene un abanico más amplio de opciones, aún debe navegar por una sociedad dictada y dominada por los hombres. Con el peso de las expectativas y presiones de la época, el éxito de Esther sigue siendo una incógnita.

 

Conclusiones

En la década de 1950, seguimos a Esther Greenwood, una joven consumada que se precipita en el abismo del trastorno mental. En medio de sus prácticas de verano en una revista de moda de Nueva York, Esther empieza a luchar con su identidad, las tensiones sociales y las anticipaciones orientadas al género.

Se encuentra atrapada en una metafórica campana de cristal, apartada del mundo exterior y luchando con dilemas existenciales. Tras un intento de suicidio, es ingresada en un centro psiquiátrico, donde pasa por varias rondas de tratamientos innovadores.

Finalmente, Esther logra cierta estabilidad y acepta la trayectoria trazada por su psiquiatra hacia la convencionalidad. Sin embargo, su recuperación parece precaria: la simbólica campana de cristal es consecuencia tanto de su depresión como de la sociedad que la rodea.

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