Trucos para ayudarte a pensar de forma más inteligente.

¿Qué es la sabiduría mundana? Veamos cada palabra por separado. La mundanidad significa preocuparse por la vida ordinaria. La sabiduría, en cambio, implica el conocimiento del panorama general en lo que se refiere a la vida en su conjunto. Pero hay algo más.

Simplemente conocer muchos hechos aislados no es especialmente útil. Como dijo una vez el inversor Americano Charlie Munger: “Si los hechos no se unen en un entramado de teoría, no los tienes en forma utilizable”.

Y eso es más que eso.

Y ésa es nuestra definición: la sabiduría del mundo consiste en conectar nuestros conocimientos sobre la vida a modelos teóricos que iluminen los problemas cotidianos. Entonces, ¿dónde encuentras esos modelos?

Pues esa es exactamente la pregunta que Gabriel Weinberg y Lauren McCann se proponen responder. Basándose en la economía, la física, la filosofía y un sinfín de otras disciplinas, este resumen presenta un conjunto de modelos mentales que te ayudarán a comprender el mundo, tomar mejores decisiones y llevar tu pensamiento al siguiente nivel.

En el camino, aprenderás

  • lo que un filósofo del siglo XIV puede enseñarte sobre las citas;
  • por qué evitar los errores es la clave del éxito.
  • por qué evitar los errores es más importante que acertar;
  • y
  • qué es un día israelí.
  • lo que una guardería israelí puede enseñarnos sobre la reciprocidad.
  • Lo que una guardería israelí puede enseñarnos sobre la reciprocidad.

El superpensamiento aprovecha conceptos de probada eficacia para ayudarnos a explicar el mundo y tomar mejores decisiones.

Tomamos docenas de decisiones cada día. No todas son grandes decisiones, pero un número suficiente de decisiones equivocadas puede dar lugar a cuentas bancarias sobregiradas, matrimonios infelices y trabajos sin futuro. Eso significa que cada decisión cuenta.

La vida, sin embargo, está llena de enigmas complicados y pruebas ambiguas. Decidir a menudo parece menos un acto de razón que una puñalada en la oscuridad.

¿Seguro que hay una forma mejor? Pues la hay: el superpensamiento, una forma de entender el mundo que se basa en modelos cognitivos probados para dar sentido a la maraña de datos que hay ahí fuera.

Vamos a explicarlo. Cada sector tiene sus propios modelos mentales que permiten a los profesionales crear “imágenes mentales” de un problema. No se trata de instantáneas puntuales, sino de técnicas que pueden volver a aplicarse una y otra vez: ésa es la parte del “modelo”. Dicho de otro modo, son conceptos recurrentes que explican el mundo.

La mayoría de los modelos mentales están bastante enrarecidos y sólo los utilizan los especialistas. Otros tienen una aplicación mucho más amplia. Estos supermodelos pueden ayudarnos a dar sentido a la vida cotidiana. Por ejemplo, la masa crítica. Los físicos la utilizan para describir la cantidad mínima de masa nuclear necesaria para crear un estado crítico que desencadene una reacción nuclear en cadena. Pero también es un modelo útil en otros contextos, como el del cambio tecnológico.

Las máquinas de fax se inventaron en la década de 1840, pero languidecieron en el olvido durante más de un siglo. ¿Por qué? Su coste significaba que sólo unos pocos individuos y organizaciones adinerados podían permitirse adoptar la tecnología. Esto afectó a la percepción del valor del fax: aunque compraras una máquina, no podrías comunicarte con nadie que conocieras.

A medida que bajaba el coste, más gente compraba faxes y se hacían posibles más conexiones. Para ponerlo en cifras, dos aparatos pueden hacer una conexión, cinco pueden hacer diez y doce pueden hacer sesenta y seis. En los años 70, el fax había alcanzado una masa crítica. Había suficientes aparatos como para que la propia red se volviera útil: si tenías tu propio aparato, lo más probable era que pudieras contactar con cualquiera.

Las empresas actuales se han forrado aprovechando esta idea. La masa crítica indicó a los servicios de transporte compartido como Uber y Lyft, por ejemplo, cuántos conductores necesitaban en las ciudades antes de que la gente empezara a confiar en sus servicios.

Ese no es el único supermodelo que puedes utilizar para reducir la complejidad. En el siguiente resumen, veremos un montón de atajos que te ayudarán a aumentar tu rendimiento cognitivo.

Evitar los errores no forzados y argumentar a partir de los primeros principios puede ayudarte a equivocarte con menos frecuencia.

La forma en que miramos algo determina la forma en que pensamos sobre ello. Tómalo del matemático alemán del siglo XIX Carl Jacobi. ¿Su lema? “Invertir, siempre invertir”, lo que significa que a menudo es más fácil resolver un problema cuando lo enfocas desde el punto de vista opuesto o “inverso”.

Los inversores, por ejemplo, suelen asumir que su objetivo es ganar dinero. Pero Jacobi diría que en realidad es evitar perderdinero. Lo mismo ocurre con la toma de decisiones. El sentido común dice que tomar mejores decisiones consiste en acertar más a menudo; la inversión nos dice que, en realidad, se trata de equivocarse menos a menudo.

Eso significa evitar lo que piensa la gente.

Eso significa evitar lo que los tenistas llaman errores no forzados, es decir, errores causados por tu propia negligencia y no por la brillantez de tu oponente. Imagina que devuelves un saque débil directamente a la red y te harás una idea.

Evitar los errores no forzados implica prestar atención a la forma en que razonas las cosas. A esto se le llama argumentar desde los primeros principios, y se trata de pensar de abajo arriba, partiendo de supuestos de los que estás seguro que son ciertos. Elon Musk, fundador de la empresa automovilística y energética Tesla, lo define como reducir las cosas a “verdades fundamentales” y partir de ahí.

Cuando Musk buscaba paquetes de baterías para sus vehículos autoconducidos, por ejemplo, le dijeron que nunca conseguiría que el precio fuera inferior a 600 $ por kilovatio-hora. No estaba convencido. Los primeros principios le llevaron a plantearse dos preguntas: ¿Qué se necesita para fabricar baterías, y cuánto cuestan esos materiales en bolsa?

La respuesta fue cobalto, níquel, aluminio, carbono, polímero y una lata de sellado, cada uno de los cuales cuesta el equivalente a 80 $ por kilovatio-hora. Musk se dio cuenta de que la solución era comprar directamente los materiales y producir sus propias células. ¿El resultado? Baterías más baratas de lo que nadie había creído posible.

También puedes aplicar el razonamiento ascendente a las decisiones cotidianas. Por ejemplo, la búsqueda de empleo. Mucha gente malgasta energía solicitando demasiados puestos, y luego salta a la primera oportunidad que se le presenta. Los primeros principios sugieren un enfoque diferente.

Antes de enviar tu currículum, siéntate y define tus valores. ¿Lo más importante para ti es la independencia, el estatus o el dinero? A continuación, establece tus líneas rojas: hasta dónde estás dispuesto a desplazarte, por ejemplo, o el puesto de menor categoría que estás dispuesto a aceptar. Por último, compara esos valores con los puestos existentes. Eso es inversión en acción: no preguntas qué puestos hay disponibles, sino cuáles se adaptan a tus necesidades.

La navaja de Ockham podría ser la clave de tu vida amorosa.

“Todo debe hacerse tan sencillo como sea posible, pero no más sencillo” – Roger Sessions

Acabamos de ver que un razonamiento sólido se basa en verdades fundamentales, pero ¿cómo sabes que son correctas? Es una pregunta antigua. El astrónomo romano del siglo II Ptolomeo, por ejemplo, sostenía que era un “buen principio explicar los fenómenos mediante la hipótesis más simple posible”

Mil doscientos años después, el filósofo inglés Guillermo de Ockham llegó a la misma conclusión: ante hipótesis igualmente plausibles y contrapuestas, es más probable que sea cierta la más sencilla. Lo llamamos la navaja de Ockham. La idea es “afeitar” las explicaciones innecesariamente intrincadas. En otras palabras, piensa en caballos, no en cebras, cuando oigas los cascos de los caballos.

Es la navaja de Ockham.

Es un modelo con muchas aplicaciones útiles. Por ejemplo, las citas. El auge de las aplicaciones y sitios web de citas ha facilitado más que nunca la aplicación de filtros muy específicos a posibles parejas. Exagerando un poco, mucha gente busca brasileñas de ojos azules a las que les guste el yoga caliente y el helado de frambuesa. No es exactamente una combinación imposible, pero limita tus posibilidades de encontrar pareja.

La navaja de Ockham sugiere que esto es complicar demasiado las cosas. Todos sabemos por experiencia que es posible llevarse bien con alguien aunque prefiera el chocolate a la frambuesa y tenga los ojos marrones en vez de azules. En cambio, si no es divertido, atractivo o interesante, es poco probable que funcione. E incluso si el hecho de que no te guste el yoga caliente es un factor decisivo, sigue teniendo más sentido volver a añadir ese filtro más adelante; al principio, cíñete a lo básico.

También es una forma estupenda de vencer las trampas lógicas más comunes. En 1983, los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman presentaron un experimento mental ahora famoso que consideraba lo siguiente: Linda tiene 31 años, es soltera, franca e inteligente. Estudió filosofía y asistió a manifestaciones en la universidad. ¿Qué es más probable: que Linda sea una cajera de banco o que Linda sea una cajera de banco activa en el movimiento feminista?

La mayoría de la gente se decanta por la segunda opción. Es un ejemplo de la falacia de la conjunción en acción. Ésta afirma que la probabilidad de que dos sucesos ocurran en “conjunción” es siempre menor o igual que la probabilidad de que ocurra uno solo. Recuerda: no todas las cajeras de banco son feministas. Volviendo a las citas, ¿qué es más probable: encontrar una pareja que te haga reír o encontrar a alguien que sea divertido y comparta exactamente tus preferencias culturales, hasta los sabores de los helados? La respuesta te explica por qué merece la pena simplificar las suposiciones.

Ponerse en el lugar de los demás es difícil, pero el velo de la ignorancia puede ayudarte a tomar decisiones más justas.

Descubrir las motivaciones de los demás es complicado, sobre todo cuando son desconocidos. ¿El resultado? Sacamos conclusiones injustas. Si un colega nos envía un correo de una sola línea, pensamos que está siendo despectivo y descartamos la idea de que tenga prisa.

Los psicólogos llaman a esto error de atribución fundamental: Mientras que explicamos nuestro propio comportamiento atendiendo a nuestras intenciones y circunstancias externas, atribuimos las acciones de otras personas a características esenciales. Si te saltas un semáforo en rojo, es porque necesitas ir al hospital; si lo hace otra conductora, es porque es intrínsecamente imprudente.

Este es el motivo por el que nos equivocamos.

Por eso es buena idea replantearse tus suposiciones, que es donde entra en juego la cuchilla de Hanlon. Este modelo establece que nunca debes atribuir a la malicia lo que puede explicarse más fácilmente por el descuido. ¿Tu vecino pone la música alta para molestarte? Es poco probable; probablemente se haya olvidado de lo finas que son las paredes.

Si quieres ir un paso más allá y pensar de forma más objetiva, puedes utilizar el velo de la ignorancia. Así se llama un modelo desarrollado por el filósofo americano John Rawls en su libro de 1971 Teoría de la Justicia. Así es como funciona:

El nacimiento es una lotería. Algunas personas tienen suerte y son bendecidas con una gran cantidad de oportunidades; otras se van con las manos vacías. Eso no nos impide creer que nuestros privilegios y las desventajas de los demás son merecidos. Esto, según Rawls, distorsiona nuestra comprensión de la justicia.

Pero imagina que tuvieras que diseñar una sociedad justa sin saber dónde acabarías en ella. Rawls concluyó que si no pudieras estar seguro de si nacerías esclavo o libre, decidirías que la esclavitud en sí misma es injusta. Dicho de otro modo, tendrías en cuenta los sentimientos e intereses de todos los afectados por una decisión, no sólo los tuyos.

Es un modelo útil para aplicarlo a tu propia toma de decisiones. Digamos que eres gerente de una empresa que está pensando en suprimir una política establecida que permite a los empleados trabajar a distancia. A tu modo de ver, hay muchas buenas razones para hacerlo. Pero ¿y si te pusieras tras el velo de la ignorancia: abogarías contra la política sin importar quién fueras? ¿Y si fueras un empleado que cuida de un familiar anciano, o un padre soltero?

Incluso si al final te mantienes en tus trece, es un experimento que merece la pena, ya que te ayudará a apreciar las perspectivas y los retos de otras personas.

Si no quieres quedarte atrás en el cambio social, tienes que ser adaptable.

La polilla de la pimienta es una especie nocturna nativa de climas templados, y una visión familiar en toda Gran Bretaña. Antes de la Revolución Industrial, la mayoría de las polillas de la pimienta del noroeste de Inglaterra eran de color claro, un rasgo que les ayudaba a camuflarse en la corteza clara de los árboles. Pero entre 1811 y 1895, el porcentaje de polillas salpicadas oscuras aumentó del 0,01% al 98%. ¿Qué ocurrió?

Es un ejemplo clásico de la teoría de Darwin de la “supervivencia del más apto”. La contaminación de las minas de carbón cubrió los árboles con una gruesa capa de hollín. Las polillas más claras se convirtieron en presa fácil de los depredadores, mientras que las más oscuras permanecieron ocultas y prosperaron.

Como señaló el científico estadounidense Leon Megginson, la gente a veces confunde “el más fuerte” con la fuerza, el intelecto o los genes superiores. La clave, sin embargo, es la adaptabilidad: ajustarse a un entorno cambiante. Y ésa es la lección que nos enseña la historia de la polilla de la pimienta oscura. La sociedad también evoluciona con el tiempo. Si quieres prosperar en tu entorno social, también tienes que ser adaptable. ¿Y cómo lo haces?

Una forma estupenda es adoptando una mentalidad experimental. Se trata de un ciclo en el que se realizan observaciones científicas, se desarrollan hipótesis, se ponen a prueba, se analizan los datos y se formulan nuevas teorías. Las personas y organizaciones con más éxito adoptan precisamente esa mentalidad. Buscan constantemente nuevas herramientas para aumentar su productividad, bienestar y forma física.

Toma tu salud, por ejemplo. Existe una abrumadora cantidad de datos que sugieren que tal o cual dieta es lo mejor que puedes hacer por tu cuerpo. ¿Deberías ser vegano o paleo, o es el ayuno una opción mejor? La única forma de averiguarlo es experimentar. Pero eso es algo más que probar cosas diferentes al azar. Significa adoptar un enfoque riguroso de ensayo y error, probando diferentes dietas una a una y analizando los resultados para averiguar cuál te funciona.

Lo mismo puede decirse de tu dieta.

Lo mismo ocurre con tu “dieta intelectual”. Si no experimentas con nuevas ideas, probablemente te quedes estancado en las viejas y obsoletas. Al fin y al cabo, las ideas cambian constantemente. Probablemente te enseñaron que un asteroide acabó con los dinosaurios y que los Tyrannosaurus rex eran reptilianos de piel lisa. Pues bien, hoy en día, muchos expertos han llegado a considerar esa teoría como anticuada, ¡mientras que la mayoría de los paleontólogos creen que el T. rex estaba parcialmente cubierto de plumas! Quédate con las ideas antiguas, y tu forma de pensar acabará tan obsoleta como esas polillas de color claro que se aferran a los árboles llenos de hollín.

Las pruebas anecdóticas y la falacia de que la correlación implica causalidad sesgan nuestra comprensión de los datos estadísticos.

Vivimos en un mundo impulsado por los datos. La cuantificación, antaño exclusiva de científicos e ingenieros, determina nuestra forma de entenderlo todo, desde el cambio climático hasta nuestra vida personal. Puede que incluso utilices aplicaciones que cuentan tus movimientos diarios y te dicen cuánto duermes.

Eso es bueno, ¿verdad? Bueno, sí y no. Como le gustaba señalar al escritor Americano Mark Twain, hay “Mentiras, malditas mentiras y estadísticas”. Los números, en otras palabras, pueden engañar tan fácilmente como pueden informar. Y por eso es tan importante evitar los tropiezos estadísticos.

Después de todo, ya se trate de nutrición o de política gubernamental, en todas partes hay gente que afirma que los números están de su parte. Aunque no intenten engañarte deliberadamente, es muy probable que sus “pruebas” hayan sido malinterpretadas o exageradas.

La causa más común de error es confiar en pruebas anecdóticas. Básicamente son habladurías y experiencias personales. Evolutivamente, confiar en esos datos parciales tiene mucho sentido. Si has visto a alguien comer una baya y enfermar, simplemente evitas el arbusto en cuestión en lugar de realizar un experimento controlado de comer bayas. En otros contextos, sin embargo, es una fuente de confusión.

Piensa en las historias que cuenta la gente sobre, por ejemplo, su abuelo, que fumaba un paquete de cigarrillos al día y vivió hasta los 90 años. Son casos fuera de lo común que no nos dicen nada sobre las experiencias medias. Es un poco como ir a un restaurante: es más probable que cuentes a tus amigos tu comida si fue escandalosamente buena o mala que si fue meramente mediocre. Puede que fumar no provoque cáncer de pulmón en todos los casos, pero eso no significa que no aumente significativamente el riesgo medio.

También está la idea errónea de que correlación implica causalidad, es decir, que si dos sucesos ocurren consecutivamente, uno debe haber causado el otro. Esta falacia se puede ver todos los años cuando la gente se vacuna contra la gripe. Inevitablemente, alguien se resfría al mismo tiempo, lo confunde con la gripe y lo atribuye a la vacuna que acaba de recibir.

Lo que falta en esta explicación es el factor de confusión, una explicación a menudo menos obvia pero correcta, a saber, que la gente se vacuna sobre todo cuando enferma más gente de lo habitual. Un resfriado común, contra el que la vacuna de la gripe no proporciona inmunidad, acaba siendo identificado erróneamente, ¡y se culpa a la vacunación de causar la misma cosa que previno! Y ése es el problema de los datos: nos ayudan a comprender el mundo, pero a veces también nos ayudan a malinterpretarlo.

Confundir las normas sociales y las del mercado socava la reciprocidad.

“Una vez que se socavan las normas sociales, el daño ya está hecho y dejan de ser normas”

Afrontémoslo: la vida está llena de conflictos. En economía, estas situaciones adversas se describen a veces como “juegos sociales” que enfrentan a “jugadores” interesados entre sí. La mayoría de los juegos convencionales son de suma cero: si tú ganas, yo pierdo. Sin embargo, a diferencia del ajedrez, la vida real no es en blanco y negro. A veces todos pueden ganar.

Toma como ejemplo un estudio sobre las propinas que se analiza en el libro Influencia del psicólogo estadounidense Robert Cialdini, publicado en 1984. Descubrió que los camareros que hacen pequeños regalos a sus clientes aumentan sus propinas. Un caramelo de menta después de la cena equivalía a un aumento del 3%. Dos caramelos de menta lo elevaban al 14%, mientras que dos caramelos de menta y una frase como “Y para ustedes, amables amigos, un caramelo de menta extra” lo elevaban al 23%.

Es un gran ejemplo de reciprocidad, la obligación percibida de devolver favores. Es un concepto cultural bastante universal. Los romanos lo llamaban quid pro quo o “algo por algo”. En inglés moderno, lo reformulamos como “yo te rasco la espalda si tú me rascas la mía”

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La reciprocidad es una norma social, una regla reconocida aunque no escrita que regula la vida social. Obviamente, no siempre nos comportamos de forma recíproca. A veces es más apropiado seguir las normas del mercado. Cuando observas algo desde una “perspectiva de mercado”, piensas en ello en función de tus intereses personales. Una “perspectiva social”, por el contrario, se pregunta si es lo correcto. Es la diferencia entre preguntar: “¿Merece la pena este trabajo de canguro de 60 $?” y “¿Debería ayudar a mi amigo cuidando de sus hijos durante cuatro horas?”

Ambos son puntos de vista valiosos. Sin embargo, las cosas se complican cuando se confunden. Tomemos el caso de una guardería israelí citado en el libro de 2008 del economista Dan Ariely Irracionalidad Predecible. Los padres solían llegar tarde a recoger a sus hijos, y la escuela decidió introducir multas por retraso. La política tuvo el efecto contrario: los padres llegaban tarde incluso con más frecuencia.

He aquí por qué. Antes de las multas, los que llegaban tarde se sentían culpables y se esforzaban por ser más puntuales. La introducción de una norma de mercado socavó su sensación de que debían algo a los profesores de la guardería; al fin y al cabo, pagaban, así que no había motivo para sentirse mal. Curiosamente, cuando la guardería suprimió las multas, los padres no volvieron a su antiguo comportamiento: el experimento había socavado ambos tipos de normas.

Esto demuestra lo importante que es aplicar los modelos conceptuales adecuados a las situaciones. Como demuestra el ejemplo de la guardería israelí, ¡vale la pena asegurarse de que estás enmarcando las cosas de la manera correcta!

Conclusiones

El mensaje clave de estos resúmenes:

El superpensamiento aprovecha modelos conceptuales de probada eficacia para mejorar tu toma de decisiones y ayudarte a evitar los errores lógicos más comunes. Recogidos de disciplinas tan diversas como la física, la economía y la filosofía, estos “supermodelos” atraviesan la complejidad y arrojan luz sobre los enigmas más espinosos. Tanto si utilizas la navaja de Ockham para seleccionar posibles parejas, como si aplicas la masa crítica para comprender un mercado emergente o utilizas el velo de la ignorancia para ponerte en el lugar de la gente, estas herramientas ultraadaptables te garantizan una mejora cognitiva.

Consejos Accionables:

Considera tu propia estrategia.

Pondera tus decisiones con una lista numerada de pros y contras.

La forma más sencilla de abordar una gran cuestión es elaborar una lista de pros y contras: argumentos a favor y en contra de una decisión. Sin embargo, lo más probable es que atribuyas un valor diferente a distintos factores. Ahí es donde entran en juego las listas numeradas de pros y contras. Aquí valorarás cada factor en una escala que va de menos diez a cero para los negativos y de cero a diez para los positivos, dándote así una idea del valor relativo de cada elemento. Digamos que te han ofrecido un trabajo, pero aceptarlo implica trasladarte a una nueva ciudad. ¿Qué recibe una puntuación más alta, la ubicación o la mejora salarial? Por sencillo que parezca, se trata de un poderoso modelo mental que te ayudará a realizar un análisis sistemático de costes y beneficios antes de dar el paso.

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Qué leer a continuación: Pensar en apuestas, de Annie Duke

Los modelos mentales que hemos explorado en este resumen te ayudarán a comprender el mundo y a tomar mejores decisiones. Pero la vida es impredecible y desordenada. Incluso las mejores decisiones no producen los resultados que esperábamos, mientras que errores de cálculo aparentemente desastrosos dan lugar a bendiciones inesperadas. A veces lo único que podemos hacer es tirar el dado y arriesgarnos.

Sin embargo, no se trata de suerte ciega. Hazle caso a Annie Duke, campeona de póquer y asesora empresarial que literalmente escribió el libro de las apuestas inteligentes. La clave, afirma, es desintoxicarnos de nuestra adicción al pensamiento basado en los resultados. ¿Cómo? Consulta nuestro resumen de Pensar en Apuestas: Tomar decisiones más inteligentes cuando no tienes todos los datos (2018) para averiguarlo!

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