Descubre la importancia del liderazgo emocionalmente inteligente.

¿Qué hace falta para ser un gran líder? La gente podría decir que se trata de tener un objetivo claro, planes sólidos e ideas frescas. Pero un gran liderazgo no consiste sólo en lo que hace un líder, sino también en cómo lo hace.

De hecho, Primal Leadership sugiere que la inteligencia emocional es la parte más vital para ser un líder excelente. Los líderes que están profundamente en sintonía con las emociones pueden inspirar a sus equipos comprendiendo -y hablando- de las cosas que les hacen vibrar.

Y eso es exactamente lo que vamos a explorar en este brevísimo resumen.

Establecer la norma emocional

La razón por la que el liderazgo emocionalmente inteligente es tan crucial en el lugar de trabajo tiene que ver con la naturaleza de “bucle abierto” del sistema límbico, el centro emocional de nuestro cerebro.

Muchos otros sistemas de nuestro cuerpo son de circuito cerrado, lo que significa que no se ven afectados por factores externos. Por ejemplo, el sistema circulatorio de la persona que está sentada a tu lado no tiene ningún efecto directo sobre tus propias funciones corporales. En cambio, los sistemas de bucle abierto dependen en gran medida de fuentes externas. Por eso nuestro sistema límbico es capaz de recibir señales de las personas que nos rodean que pueden alterar nuestras hormonas, el ritmo del sueño e incluso las funciones del sistema inmunitario. En otras palabras: nuestros iguales tienen el poder de influir fisiológicamente en nuestras emociones.

Los buenos líderes pueden aprovechar este hecho. A lo largo de la historia, los grupos humanos han buscado en ellos seguridad emocional y certeza cuando se enfrentaban a amenazas o realizaban tareas. Es probable que los antiguos líderes fueran colocados en sus puestos porque su estilo de liderazgo era emocionalmente convincente.

En las organizaciones modernas, a menudo se pasa por alto este aspecto primario del liderazgo, pero el concepto sigue siendo igual de importante. Especialmente en el lugar de trabajo, la gente a menudo se deja guiar por la cúpula. La forma en que un líder aborda y ejecuta su trabajo tiene un peso especial. Los líderes “gestionan el significado” para el grupo en su conjunto, estableciendo la norma emocional sobre cómo interpretar y reaccionar ante cualquier situación.

Los líderes que aprenden a maximizar los beneficios del liderazgo primario pueden conducir las emociones de sus empleados en una dirección positiva. Y cuanto mejor sepan transmitir las emociones positivas, más poderosamente se propagarán los buenos sentimientos.

Por supuesto, esto no quiere decir que los líderes tengan que ser excesivamente amables o fingir positividad cuando las cosas van mal. En cambio, lo que importa es comunicar las realidades de la vida laboral sin causar un estrés indebido. Cuanto más exigente es el trabajo, mayor es la necesidad de un líder comprensivo y empático.

Un estilo de liderazgo emocionalmente inteligente no sólo beneficia al bienestar de los empleados -y a la organización en su conjunto-, sino que también se ha demostrado que mejora la eficacia. Al fin y al cabo, no somos robots… ¡todavía! La forma en que nos sentimos en el trabajo influye directamente en el esfuerzo que estamos dispuestos a hacer.

Dirigir con resonancia

En cierto modo, dirigir personas es como hacer música. Cuando un líder afecta positivamente a las emociones de un grupo, está dirigiendo con resonancia; si un líder utiliza la negatividad para socavar los cimientos emocionales del grupo, está creando disonancia.

Entonces, ¿cómo te conviertes en un líder resonante? Hay cuatro dominios de la inteligencia emocional que debes dominar.

El primer dominio es la autoconciencia. Aunque la capacidad de ser consciente de uno mismo suele descuidarse en el ámbito empresarial, podría decirse que es el factor más importante de un buen liderazgo. Si un líder no puede comprender y gestionar sus propias emociones, ¿cómo puede esperar comprender las emociones de los demás? Además, un líder que está en sintonía con sus señales internas puede reconocer un sentimiento como la ira o el resentimiento, y trabajarlo de forma constructiva antes de que se convierta en un estallido.

Del autoconocimiento se deriva directamente el dominio de la autogestión, que abarca el enfoque y el impulso que todos los grandes líderes necesitan para alcanzar sus objetivos. Este dominio actúa como un diálogo interior constante que mantiene a los líderes en la dirección correcta.

La clave del tercer dominio -la conciencia social- es practicar la empatía. Prestando mucha atención a cómo se sienten los demás, un líder puede decir exactamente lo que se necesita en cada momento y actuar adecuadamente en cada situación. Los líderes resonantes son capaces de transmitir sus sentimientos con honestidad, de forma que impulsen a sus subordinados hacia la acción positiva.

Los tres primeros dominios se unen para apoyar el cuarto: la gestión de las relaciones. Este dominio comprende algunas de las habilidades más comúnmente asociadas al liderazgo, como la colaboración, la gestión de conflictos y la persuasión.

Tu capacidad para gestionar eficazmente las relaciones se reduce a tu capacidad para aceptar los sentimientos de los demás, actuar con empatía y ser consciente de tus propias emociones. Aquí es donde tú, como líder, realmente pones a prueba tus habilidades primarias de liderazgo.

Conclusiones finales

A lo largo de la historia, los grupos han acudido a sus líderes en busca de orientación emocional. Aunque a menudo se pasa por alto en el lugar de trabajo moderno de hoy en día, esta capacidad de liderazgo primario es más importante que nunca.

Juntos, los cuatro dominios de la inteligencia emocional -autoconocimiento, autogestión, conciencia social y gestión de las relaciones- forman el conjunto de habilidades necesarias para convertirse en un líder emocionalmente inteligente y resonante. Estos dominios no son habilidades inherentes con las que nacen todos los grandes líderes, sino que pueden aprenderse y perfeccionarse con paciencia y mucha práctica.